Siempre fui de las que pensaba que las fiestas tenían que ser con mucha gente; tenías que estar en un local, donde la gente no te dejara moverte, la música retumbara en tus oídos, algún borracho te tirara la copa en tu nuevo modelito, y tenías que volver a casa a las cuatro de la madrugada completamente borracha. Pero con el paso de los años, he descubierto, que las mejores fiestas se hacen en casa; no me refiero a una fiesta de esas en las que suben tus vecinos a decirte que bajes la música, y en el que la gente vomita en tu felpudo, no. Una fiesta es estar con las personas que quieres, el rato que quieres, sonriendo, jugando, pasándotelo bien; no importa si sois dos o doscientos, lo que importa es cómo sea esa persona. Ahora, años después, me he dado cuenta de que mi mejor fiesta es con ella.
Somos burras, duras de mollera, cabezonas, orgullosas, y muchas veces, decimos cosas de las que luego nos arrepentimos, ¿pero sabéis qué? que por mucho que nos digamos, nos insultemos o discutamos, siempre seremos ella y yo, porque no hay más, porque sí, porque mi destino solo hizo una cosa bien, y fue dármela como hermana. Hay veces que la odio, que quiero tenerla lejos, que no quiero que me hable; pero es verdad eso de que "Valoras algo cuando lo pierdes", y la verdad siento haberme dado cuenta tan tarde, pero como se suele decir, más vale tarde, que nunca.
Cuando vuelvas, tendremos una fiesta impresionante; los vecinos no tendrán que subir a decirnos que bajemos la música, y nadie vomitará en el felpudo, pero te puedo prometer que será la mejor fiesta que hayas tenido nunca en tu vida.
Grita con todas tus fuerzas "estoy aqui", como si fuera prueba de que existes. No somos tan débiles, pero tampoco tan fuertes. Llorando, buscando, riendo, cayendo, llorando otra vez. Asi es como te conviertes en adulto. Si siempre trato de no llorar, no seré capaz de sonreír.
